miércoles, 29 de enero de 2014

Monstruos de Hoy

En la ficción moderna está muy de moda un modelo particular de monstruo: el discriminado. Me refiero por supuesto, a los vampiros incomprendidos, los pacíficos seres mágicos que sufren el odio de los demás, motivado por la envidia a su longeva vida, y poderes increíbles. En estas nuevas historias, la condición vampirezca es adquirida, o bien por herencia, como si de una raza se tratara, o por algún "accidente", comparable a una enfermedad de transmisión sexual. Alrededor de ésta idea, se construye la imagen de inocencia del personaje, el cual debe sobrellevar la incomprensión de los demás, totalmente injustificada.
 Por supuesto, el autor de estas historias pretende enseñar la noble idea de la piedad para con los demás, que es un deber de todo cristiano. Sin embargo, es una ficción bastante endeble, ya que suplanta un hecho real como es el vampirismo, por uno ficticio, que es la "enfermedad" del vampirismo, pero deja intacto el resto del universo. Lo mismo podríamos hablar de un mundo fantástico en que las manzanas estuvieran hechas de oro, y de como ésto afectaría a los bancos, sin detenernos a pensar en que si el oro creciera en los árboles, nadie pensaría en usarlo como dinero. Redefinimos al vampiro, pero no la cacería de vampiros, no podemos esperar que ésta siga teniendo sentido. Así, el vampiro ya no es un caníbal que disfruta de la profanación; no lo caracterizan sus actos sino su condición, y se convierte en una víctima de la sociedad que no la comprende.  La historia está llena de éstos personajes siniestros, que aún hoy siguen abundando, y cualquier intento de presentarlos en forma romántica,  queda en eso: ficción endeble. Podríamos reemplazar la palabra "vampiro" por "violador", y en la práctica, tendría el mismo sentido.

Éste fenómeno literario, de atribuir actividades criminales a "condiciones", que es tan novedoso en su forma, es bastante viejo, y creo que tiene su origen en la siguiente idea: que el hombre no es responsable de nada. Toda acción que realice es consecuencia de su naturaleza o contexto social, y no se lo puede culpar por ello.
Ésto me recuerda una frase de San Agustín de Hipona en sus confesiones:

Libro Quinto, X,18. (...) Todavía me parecía a mí que no éramos nosotros los que pecábamos, sino que era no sé qué naturaleza extraña la que pecaba en nosotros, por lo que se deleitaba mi
soberbia en considerarme exento de culpa y no tener que confesar, cuando había obrado
mal mi pecado para que tú sanases mi alma, porque contra ti era contra quien yo pecaba. Antes gustaba de excusarme y acusar a no sé qué ser extraño que estaba conmigo, pero que no era yo. Mas, a la verdad, yo era todo aquello, y mi impiedad me había dividido contra mí mismo. Y lo más incurable de mi pecado era que no me tenía por pecador.
Ya por aquella época, entre los siglos IV y V, era predominante la idea de la animalidad absoluta del hombre, es decir, que el estado normal del hombre era el de hacer cumplir sus deseos. (Es interesante que ya se tenía en aquella época formada la idea de las "pulsiones", que Freud propondría tantos siglos después. El modernismo resulta ser bastante viejo.) Convivo pacíficamente con los demás, porque no hacerlo me traería perjuicio, y porque puedo sacar provecho de ellos.  Por eso fue tan perseguida la cosmovisión cristiana del pecado. Si no soy un animal, mis actos pueden ser juzgados. Si soy responsable de mis actos, entonces no puedo cumplir mis deseos elementales a toda costa. Se reemplaza la pulsión por la concupiscencia, y el acto animal, por el Pecado o la Caridad. Es decir, se dotaba al hombre de alma, cual hijo de Dios.

Volviendo al novedoso recurso literario de antes, el primer elemento que se modifica es el pecado. En el ejemplo, el vampiro no es alguien que bebe sangre humana por placer, sino alguien "al que le tocó". Es lo que ocurre con los otrora ladrones, hoy "cleptómanos", o bien "excluidos sociales", cuando lo correcto sería decir que a todos "nos toca". Todos queremos cumplir nuestros deseos. Todos estamos sujetos a la concupiscencia, si bien algunos la sufren mas que otros. Pero justificar los actos intrínsecamente malos en base a una "enfermedad", es reducir a la persona a un autómata, es insultar su inteligencia y su humanidad. Aunque no es tan insultante como justificarlos en base a una "naturaleza".

Somos culpables por lo que elegimos, pero somos responsable también por lo que no elegimos. No podemos elegir nuestra condición, pero podemos elegir nuestra acción. Y si estamos tan sumidos en el pecado que no vemos otra forma de vida, dependemos los unos de los otros para sacarnos adelante. Que cuando veamos a otro no veamos a un animal enfermo sino a un hombre perdido, o mejor aún, a un hijo pródigo.

En el principio...

Siempre quise escribir un libro con las distintas ideas que tuve con el pasar de los años. Sin duda, un blog no es un reemplazo apropiado, pero es una solución para la falta de papel y tiempo que exige un libro. Advierto que no tengo la vaca atada, no escribo de ideas cerradas y superadas, sino que vuelco las dificultades con que me encuentro, y les doy vuelta para encontrarles algún sentido, con lo que le puedo parecer esquizofrénico a cualquiera. dicho ésto, espero que sea de provecho para alguien mas que para mi.