lunes, 30 de junio de 2014

Breve Monólogo sobre Héroes de Historietas

El 3 de julio re realizará la conferencia de "Héroes y Superhéroes", a cargo del Dr. Jorge Ferro, orgnizado por FORVM (http://forvmespaciodeculturayciencia.blogspot.com.ar). Por desgracia no podré asistir al mismo, pero quería hace rato reflexionar sobre el tema.
Los superheroes son personajes fantásticos  con poderes únicos empleados en defender la justicia, en forma mas o menos virtuosa. Los poderes pueden ser maravillosos, fantásticos, tener algún fundamente técnico científico, o ser totalmente naturales, pero empleados en forma extraordinaria. Ellos pueden tener principios jusnaturales perfectos, como Superman, o de violento pragmatismo, como Batman. Los hay también movidos por la fe, como El Zorro o Daredevil, y mas. Sin embargo, lo que los determina como superheroes, no es ese deseo de justicia, sino el accionar en su defensa. En todo superheroe del que se cuentan historias, está presente la idea de la falibilidad de la ley humana. Son pocos los superheroes que no son perseguidos por la ley, justamente, por su extralegalidad, y ésto no es casual sino intencional. Si Batman o El Zorro confiaran en la ley, permanecerían en sus respectivas mansiones y observarían, tal vez con angustia, tal vez apatía, como el pueblo es maltratado por malhechores. Si acaso confiaran en la ley, tal vez podrían presentar una queja, o demandar a un juez que tal vez lo escuche. En cuanto ve que la desobediencia de la ley le permite (no hacer un bien, sino evitar un mal), adquiere su identidad de superheroe. Y mas notorio que eso, es cuál es la diferencia entre el superheroe y el supervillano. Ámbos traspasan la ley, pero nadie se atrevería a confundirlos, salvo los amigos relativistas, que dirán que para el villano él mismo es el heroe, aunque sea para él solo.

La diferencia entre el superheroe y el supervillano  es su religión.  Ambos cometen afrentas a la ley, pero uno la reemplaza por la ley divina, y el otro por la ley propia. A menudo se encuentran villanos con grandes aspiraciones altruistas que, aún creyéndolas, le sirven para ignorar sus crímenes. El heroe rechaza ésto -es famosa la escena en que se le ofrece al heroe acabar con la vida de un inocente para atrapar al villano-, y mas bien se someterá a si mismo para evitar el dolor ajeno. Si bien el heroe recurre a la violencia, lo hace sometido al Principio de Doble Efecto, nunca para lograr un bien, sino para evitar un mal.

Ahora, ¿que tiene que ver ésto con nosotros?. También nosotros tenemos un poder, natural y sobrenatural. Poseemos un cuerpo, que puede actuar. y un alma que puede juzgar. Lo que determina si somos héroes o villanos, es qué tan dados estamos a desechar nuestra propia ley y someternos a la ley de Dios. La trampa está en que no tenemos la opción (al igual que los héroes de los que se cuentan historias) de no intervenir, de ocuparnos de nuestros propios asuntos, confiar en la justicia humana y abandonar al hermano perdido. Justamente, eso es hacer uso de nuestro poder para nuestra propia ley, una propia villanía. 

viernes, 28 de febrero de 2014

El Juego de la Vida



Después de un largo periodo de ausencia, les traigo un tema bastante interesante sobre la simulación: el juego de la vida de Conway. La idea del este juego diseñado por  John Horton Conway, es llenar un tablero con celdas que pueden estar "vivas o muertas", y establecer una serie de reglas de comportamiento para las mismas, de forma que puedan asar de un estado a otro. Las reglas que propuso son las siguientes:
  • Una celda muerta con exactamente 3 células vecinas vivas "nace" (al turno siguiente estará viva).
  • Una célula viva con 2 o 3 células vecinas vivas sigue viva, en otro caso muere o permanece muerta (por "soledad" o "superpoblación").


Las reglas son sencillas, pero es impresionante el resultado tras aplicarlas durante algunos turnos. Empezando con un patrón aleatorio, podemos ver como algunas regiones se vacían, mientras que otras se mantienen estáticas. También podemos ver algunas figuras que "oscilan", siguiendo una secuencia de cambios antes de volver a la figura original para volver a repetirla.
Estáticas

Game of life block with border.svg

Game of life beehive.svg

Game of life loaf.svg

Game of life boat.svg
Dinámicas
NavesOscilantes

Game of life blinker.gif
Game of life animated glider.gifGame of life beacon.gif
Game of life animated LWSS.gifGame of life pulsar.gif
Luego tenemos otra categoría de figuras, las que se mueven. Uno ya puede ver de donde viene el nombre de "juego de la vida"; observar estos patrones hace recordar un hormiguero, o mejor, a los microorganismos vistos por microscopio. Este juego a cautivado a matemáticos e informáticos durante años, llegando a destinar supercomputadoras solo para calcular millones de iteraciones de estados.


¿Que conclusión podemos sacar de esto? que nos gusta jugar, y que somos susceptibles a las ilusiones ópticas. Muchos han visto en éste juego, la prueba de que el universo se maneja solo, es decir, que somos el producto inevitable de lo que ocurrió antes que nosotros. De esa idea, se sigue que somos piedras que se mueven. Llegado a ese punto, solo nos queda decir o que todas las piedras están vivas, o  que somos una clase especial de piedra. ¿con que criterio nos separamos del resto del universo? usaremos un criterio arbitrario, como la capacidad de moverse, o de realizar cálculos? ¿Puede un bit del juego de Conway, decirle a otro bit que él está vivo y el otro no, según los estándares de los animales de Conway? ¿no será mas bien que el que observa al bit declara autoritariamente: "ésto me parece que está vivo, y ésto no"? ¿Acaso dice la arcilla a su alfarero: Qué haces? En nuestro caso, no podemos hablar de "nosotros" (del yo), sin hablar de Ése que nos concibe. No tenemos derecho (si creemos en el determinismo), de hablar de una cosa como una persona, o una silla, o una idea, ya que por las propias reglas del universo (pensemos en las reglas de Conway), una silla no es distinto de una persona, o de cualquier otra cosa. La capacidad de diferenciar, de discriminar, de reconocer y entender, son solamente divinas.

miércoles, 29 de enero de 2014

Monstruos de Hoy

En la ficción moderna está muy de moda un modelo particular de monstruo: el discriminado. Me refiero por supuesto, a los vampiros incomprendidos, los pacíficos seres mágicos que sufren el odio de los demás, motivado por la envidia a su longeva vida, y poderes increíbles. En estas nuevas historias, la condición vampirezca es adquirida, o bien por herencia, como si de una raza se tratara, o por algún "accidente", comparable a una enfermedad de transmisión sexual. Alrededor de ésta idea, se construye la imagen de inocencia del personaje, el cual debe sobrellevar la incomprensión de los demás, totalmente injustificada.
 Por supuesto, el autor de estas historias pretende enseñar la noble idea de la piedad para con los demás, que es un deber de todo cristiano. Sin embargo, es una ficción bastante endeble, ya que suplanta un hecho real como es el vampirismo, por uno ficticio, que es la "enfermedad" del vampirismo, pero deja intacto el resto del universo. Lo mismo podríamos hablar de un mundo fantástico en que las manzanas estuvieran hechas de oro, y de como ésto afectaría a los bancos, sin detenernos a pensar en que si el oro creciera en los árboles, nadie pensaría en usarlo como dinero. Redefinimos al vampiro, pero no la cacería de vampiros, no podemos esperar que ésta siga teniendo sentido. Así, el vampiro ya no es un caníbal que disfruta de la profanación; no lo caracterizan sus actos sino su condición, y se convierte en una víctima de la sociedad que no la comprende.  La historia está llena de éstos personajes siniestros, que aún hoy siguen abundando, y cualquier intento de presentarlos en forma romántica,  queda en eso: ficción endeble. Podríamos reemplazar la palabra "vampiro" por "violador", y en la práctica, tendría el mismo sentido.

Éste fenómeno literario, de atribuir actividades criminales a "condiciones", que es tan novedoso en su forma, es bastante viejo, y creo que tiene su origen en la siguiente idea: que el hombre no es responsable de nada. Toda acción que realice es consecuencia de su naturaleza o contexto social, y no se lo puede culpar por ello.
Ésto me recuerda una frase de San Agustín de Hipona en sus confesiones:

Libro Quinto, X,18. (...) Todavía me parecía a mí que no éramos nosotros los que pecábamos, sino que era no sé qué naturaleza extraña la que pecaba en nosotros, por lo que se deleitaba mi
soberbia en considerarme exento de culpa y no tener que confesar, cuando había obrado
mal mi pecado para que tú sanases mi alma, porque contra ti era contra quien yo pecaba. Antes gustaba de excusarme y acusar a no sé qué ser extraño que estaba conmigo, pero que no era yo. Mas, a la verdad, yo era todo aquello, y mi impiedad me había dividido contra mí mismo. Y lo más incurable de mi pecado era que no me tenía por pecador.
Ya por aquella época, entre los siglos IV y V, era predominante la idea de la animalidad absoluta del hombre, es decir, que el estado normal del hombre era el de hacer cumplir sus deseos. (Es interesante que ya se tenía en aquella época formada la idea de las "pulsiones", que Freud propondría tantos siglos después. El modernismo resulta ser bastante viejo.) Convivo pacíficamente con los demás, porque no hacerlo me traería perjuicio, y porque puedo sacar provecho de ellos.  Por eso fue tan perseguida la cosmovisión cristiana del pecado. Si no soy un animal, mis actos pueden ser juzgados. Si soy responsable de mis actos, entonces no puedo cumplir mis deseos elementales a toda costa. Se reemplaza la pulsión por la concupiscencia, y el acto animal, por el Pecado o la Caridad. Es decir, se dotaba al hombre de alma, cual hijo de Dios.

Volviendo al novedoso recurso literario de antes, el primer elemento que se modifica es el pecado. En el ejemplo, el vampiro no es alguien que bebe sangre humana por placer, sino alguien "al que le tocó". Es lo que ocurre con los otrora ladrones, hoy "cleptómanos", o bien "excluidos sociales", cuando lo correcto sería decir que a todos "nos toca". Todos queremos cumplir nuestros deseos. Todos estamos sujetos a la concupiscencia, si bien algunos la sufren mas que otros. Pero justificar los actos intrínsecamente malos en base a una "enfermedad", es reducir a la persona a un autómata, es insultar su inteligencia y su humanidad. Aunque no es tan insultante como justificarlos en base a una "naturaleza".

Somos culpables por lo que elegimos, pero somos responsable también por lo que no elegimos. No podemos elegir nuestra condición, pero podemos elegir nuestra acción. Y si estamos tan sumidos en el pecado que no vemos otra forma de vida, dependemos los unos de los otros para sacarnos adelante. Que cuando veamos a otro no veamos a un animal enfermo sino a un hombre perdido, o mejor aún, a un hijo pródigo.

En el principio...

Siempre quise escribir un libro con las distintas ideas que tuve con el pasar de los años. Sin duda, un blog no es un reemplazo apropiado, pero es una solución para la falta de papel y tiempo que exige un libro. Advierto que no tengo la vaca atada, no escribo de ideas cerradas y superadas, sino que vuelco las dificultades con que me encuentro, y les doy vuelta para encontrarles algún sentido, con lo que le puedo parecer esquizofrénico a cualquiera. dicho ésto, espero que sea de provecho para alguien mas que para mi.